Fumamos??
Un porro no es solamente un cilindro blanco y estupefaciente, no es sólo el impulsor de sentires nuevos y el creador de la erudición y la paz momentántea. Es más que eso, es una cultura.
Es un momento íntimo, que no cualquiera comparte con cualquiera, pero a su vez ayuda a establecer vínculos. Es una actividad comunal, la sociedad interpersonal se acrecenta en estas ocasiones.
Además es un fortalecedor de vínculos íntimos, fumarte un porro con un amigo o amiga, es compartir mucho más profundamente una relación.. Cualquier pareja que haya compartido un porro sabe que es un poco más sólida que antes de hacerlo. Porque une, aunque no lo creamos, como un gremio, un partido sin fines maliciosos. El porro no existe para hacer el mal. Es blanco como la paloma de la paz, es libertad, es elevarse por sobre lo común y rutinario, por sobre lo ruín, por sobre las iniquidades del humano perverso y normal.
La variedad de situaciones con un porro son varias, te puede gustar el pinito, el punto rojo, el hachis, te puede gustar fumar en pipa, en pipa de agua, en cosas caseras... Con lillos de distinto tamaño y calidades. Armar es como una tradición que los más grandes o conocedores explican a los más chicos o novatos. Los tiempos del fumar, las formas de respirar. Es una relación de humildad para aprender y paciencia para enseñar, es un advertir que no pite tan fuerte en la última parte, es la risa de la tos por no haber hecho caso. Es el escrache y la corrida grupal al espejo del baño.
Es la generosidad de decir: "chicos, éste lo pongo yo", es estar de últimas y poner un poquito de lo poquito que cada uno tiene. Es la honestidad de sacar partes equitativas de una movida de a muchos.
Es una experiencia de madurez, la vida se divide en dos momentos, antes y después de fumarte tu primer porro solo. Es toda una situación: la inseguridad por no picar de más, la delicadeza al sacar el lillo del paquete, los dedos temblorosos al poner lo picado encima, y el sudor de las manos, apretando con decisión y ternura, para no romper pero buscando consistencia. Y la ansiedad de esperar que se queme el papel y la atención para no desperdiciar caño.
Es una cuestión de superarse; de decidirse a plantar. Y es la emoción de las primeras flores, y la visión de los cogollos secos, y el placer del primer porro con nuestro propio sabor.
Y es que el porro es el corazón de una actividad no adictiva que abarca de los jóvenes hasta los más arrugados, y todos los contintentes, y hombres, y mujeres, y negros, y blancos, y capitalistas, y comunistas, y existencialistas, y marxistas, y chauvinistas, y artistas -más que nada-; es la discusión que los consevardores incitan y los pacifistas
evaden, los más evolucionados lo aceptan y los más tranquis adoran. Es un idioma, un argot, una religión. Es una cultura. Así que, si alguna vez te quieren hacer sentir mal por fumar porro, ya sabés qué pensar.
Si las armas del mundo se suplantaran en peso por porro habría una paz mayor que la que se busca produciendo las armas.
Comprate un porro, no un revólver. Hacé la paz


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